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miércoles, 17 de junio de 2009

ACTO DE ENTREGA DE LAS SARDINAS DE ORO: INTERVENCIÓN DE D. FRANCISCO ÁLVAREZ CASCOS





Intervención de D. Francisco Álvarez-Cascos.
Teatro Palacio Valdés.
Avilés, 12 – junio – 2009
Autoridades, Señoras y Señores

Con emoción contenida quiero que mis primeras palabras sean de gratitud a esta ejemplar institución que es la Fundación ¡Sabugo Tente Firme!, ejemplar cultivadora de las mejores tradiciones de la milenaria Villa del Adelantado, y continuadora fiel de las viejas costumbres de los mareantes de Sabugo, que ya despertaron la admiración de Luis Bello hace un siglo en su viaje por Asturias, por la concesión de la Sardina de Oro a quien, como yo, lleva ya cinco años alejado del mundanal ruido político dedicado a su profesión y a su familia, y para quien la inesperada noticia de la distinción cogió por sorpresa y llenó de íntima alegría. Y, por si fuera poco, me da la oportunidad de volver a Asturias, “ese recreo que tal vez perdí para siempre”, como diría vuestro paisano “Españolito”, poniendo la frase en boca del personaje de su novela “El hijo de trapo”, el ciego resignado a vivir en Madrid.


Gracias de corazón, ¡Sabugo Tente Firme! por honrarme con vuestra dorada y prestigiada Sardina. Y gracias Avilés, gracias avilesinos, por vuestro afecto y vuestra acreditada generosidad que, por segunda vez, la primera fue la Medalla de Oro de vuestra Cámara de Comercio, me habéis dispensado siempre y que nunca olvidaré. Contar con una institución como la Fundación ¡Sabugo Tente Firme! marca el propio ser de la villa de Avilés. Con pesimismo, hace cincuenta años, el gran Valentín Andrés Álvarez dejó escrito en su “Guía espiritual de Asturias” que Avilés, “la villa más fiel a sus tradiciones”, estaba condenada a ser arrasada por el avance industrial. “Lo que esta villa fue casi lo ha dejado de ser ya” concluía lleno de pesimismo el irrepetible moscón. Por suerte, la actividad de ¡Sabugo Tente Firme! da fe de que aquellos negros augurios no se cumplieron y que Avilés sigue caracterizada hoy, como en el pasado, “por el gran amor a sus tradiciones y a sus costumbres”.Enhorabuena. La Fundación Sabugo ¡Tente Firme! ha enmarcado la concesión de sus “Sardinas de Oro, 2008” en el trigésimo aniversario de la Constitución Española.



Mirando hacia atrás y repasando la secuencia de acontecimiento de estos treinta años, veinticinco de los cuales corresponden a mi recorrido por la política española, desde el comienzo en la concejalía de Gijón (1979) hasta el final del mandato como Ministro de Fomento (2004), pasando por la preautonomía asturiana, la Junta General del Principado, el Senado, el Congreso, la Secretaría General del Partido Popular y la Vicepresidencia Primera del Gobierno de España, siempre atraído por mi Dulcinea del Toboso política, el Partido Popular, el único partido de mi vida, es inevitable resaltar los muchos cambios políticos, sociales y económicos ocurridos en tan breve como intenso espacio del tiempo. Para empezar, el consenso constitucional del 1978, que fue capaz de inspirar la defensa democrática frente a un golpe de Estado en 1981, y salir indemne del trance, hoy se tambalea agitado por la radicalidad antiespañola, hasta el punto de dividir entre “constitucionalistas” y “nacionalistas” las alternativas de gobierno en algunas Comunidades Autónomas como Cataluña o el País Vasco, confrontación que parecía superada gracias a aquel consenso constitucional. Los liderazgos carismáticos de Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Jordi Pujol o Javier Arzalluz, forjados en la ejemplar transición, no han tenido continuidad, lo que constituye uno de los factores más llamativo en la reorganización posterior del mapa político español de estos treinta años. Los valores programáticos de algunos principios políticos como el modelo de sociedad, el modelo económico o el modelo de estado han fluctuado de tal manera que las alianzas partidistas son capaces hoy de impedir determinadas mayorías y, en cambio, de alumbrar otras mayorías de gobierno que hace treinta años se considerarían “contra natura” por razón de las diferencias ideológicas que separan a los integrantes de algunas coaliciones de gobierno. En este escenario aparecen con un peso político desproporcionado unas fuerzas políticas muy minoritarias en clave nacional. Todo lo cual encuentra su explicación, que no su justificación, en el poder centrifugador creciente de las autonomías, lo que constituye una paradoja porque, simultáneamente, España quiere avanzar hacia la nueva Europa supra-nacional, lo que sitúa a nuestro modelo de Estado en posición de equilibrio inestable, atraído por dos campos de gravedad claramente contrapuestos. Sin duda lo anterior es síntoma de una crisis política, pero realmente es la crisis económica la que ha acabado por ocupar hoy día todo el protagonismo de la actualidad española e internacional, y por extender un telón de pesimismo en el horizonte futuro de las familias y de las empresas. Recorriendo el guión de estos treinta años, compruebo, sin embargo, que ya tuvimos que superar, y superamos en España, pruebas muy difíciles antes. La conjunción de efectos de las crisis del petróleo de la década de los setenta sobre nuestra economía aconsejó al gobierno de Suárez y a todas las fuerzas parlamentarias a firmar en 1977 los Pactos de la Moncloa. Si se admite que la actual crisis es más grave que aquélla, las actuales fuerzas parlamentarias, comenzando por las dos mayoritarias , ya deberían de haberse puesto de acuerdo para instar al gobierno a firmar un gran pacto nacional contra la crisis, y para poner coto a la lamentable política de navajeo, burdamente protagonizada por las cloacas del Ministerio del Interior, de la Fiscalía General y del Instructor de cámara de la Audiencia Nacional, e inspirada por móviles sectarios y nada democráticos En la década de los ochenta aquí en Asturias se tambaleaban sectores industriales completos –el naval, el siderúrgico o el carbonero- con pérdidas masivas de empleo, mientras la reconversión agraria silenciosa reducía drásticamente nuestras rentas ganaderas. Era la crisis del campo y de la ciudad, de la industria y de la agricultura, de las grandes y de las pequeñas empresas. A nivel nacional, esta conjunción de efectos de las crisis del petróleo con los de la crisis estructural de adaptación a nuestra entrada en la Unión Europea, trajo como consecuencia tasas de paro del 22% en 1985/86, que repuntaron, después de un breve respiro, hasta el 25% y cuatro millones de parados en 1994/1995. Ello obligó al Gobierno del que formé parte a adoptar medidas urgentes, difíciles y profundas para conseguir que España reuniera todas las condiciones de entrada en la Europa del euro en 1998. Y lo conseguimos. Hoy, excepciones aparte, vivimos una crisis muy grave en la que se superpone la crisis endógena derivada de la falta de competitividad de la economía española con la crisis financiera internacional. A las dificultades internas que ya tenían nuestras empresas para competir se añade ahora la falta de financiación porque el sector financiero internacional, que ha entrado en la peor crisis sectorial que se recuerda, ha colapsado la circulación del dinero dentro y fuera de España y está asfixiando a los diferentes sectores productivos.



Navega por Internet un sencillo ejemplo que explica mejor que ninguna lección magistral la importancia de la falta de circulación de dinero en la crisis que estamos viviendo. “Agosto, una pequeña ciudad de un país cualquiera. Llueve desde hace varios días. Las calles parecen desiertas. Todos sus habitantes tienen deudas y viven a base de créditos, preocupados por el futuro. La ciudad está en crisis y triste.


Por fortuna, llega un forastero al hotel, pide una habitación y entrega 5.000 euros para depositar en la caja fuerte y que guarda para una compra que está negociando en la ciudad.
El jefe del hotel coge el dinero pero, en lugar de encerrarlo en la caja, sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.Este coge el dinero y corre a pagar las deudas con su ganadero.A su vez, éste aprovecha la oportunidad para pagar los piensos que debía a su almacenista.
El de los piensos coge el dinero al vuelo y se va al concesionario de coches y cancela la deuda pendiente
El concesionario ve el cielo abierto para pagar al promotor los atrasos del piso que compró tiempo atrás.El promotor, con el dinero fresco, acude a la agencia de viajes a saldar su deuda de las vacaciones familiares pasadas.El agente de viajes acude al jefe del hotel y le entrega contantes y sonantes 5.000 euros para liquidar las facturas no abonados.Y el jefe del hotel, finalmente, deposita los 5.000 euros en la caja fuerte.Poco después reaparece el forastero, dice que no ha podido cerrar el acuerdo, coge su dinero y se va de la ciudad.


Nadie ha ganado un euro, pero ahora los habitantes de la pequeña ciudad viven sin deudas y miran el futuro con confianza” Moraleja: Si el dinero circula, se acaba la crisis.


¿No es todo cierto en esta historia imaginaria? ¿Cuántas cosas se solucionarían si volviera a circular el dinero con normalidad? Admitiendo como correctas las ayudas aprobadas por el Gobierno para apuntalar a nuestro sector financiero, es una evidencia que no se han tomado medidas eficaces para que lleguen ayudas equivalentes que faciliten el acceso al crédito y la circulación del dinero a los sectores no financieros de la industria, la agricultura y los servicios, y nada digamos si, además, se trata de pequeñas y medianasempresas. Con ánimo constructivo, me gustaría completar mi visión de la crisis actual con otras consideraciones de política económica nacional. En 1931 escribió Einstein que... “quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.


De esto, de la tragedia de no querer y no saber luchar por superarla, les pondré algunos ejemplos cercanos. El cierre del Alto Horno de Arcelor-Mittal en Gijón, con su efecto en cascada sobre las pequeñas y medianas empresas de la región, no es fruto de la fatalidad. Ya lo advirtió Gonzalo Urquijo, uno de los primeros ejecutivos de la multinacional, tras la descomunal subida de las tarifas eléctricas el pasado mes de julio de 2008. “El precio de la electricidad puede poner en peligro las futuras inversiones en España, porque tenemos en estos momentos un coste que se sitúa entre los más altos de Europa, y eso nos puede impedir ser competitivos”, vaticinó Urquijo. “Debemos plantearnos si queremos ser industriales o vivir de los servicios. Es cuestión de tiempo que nos vayamos al otro lado de los Pirineos”, donde la tarifa eléctrica es mucho más barata.


Y es que el recién nombrado titular de Industria, Comercio y Turismo, Miguel Sebastián, aupado a los laureles ministeriales tras su fracaso en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid, en apenas dos meses de mandato, llevó al BOE la Orden ITC/1857/2008 de 26 de junio, por la que se aprobaba el nuevo marco para las tarifas eléctricas que, para los grandes consumidores, como las empresas siderúrgicas, suponía su incremento del coste de la electricidad entre el 70% y el 100%. ¿Era esta colosal subida eléctrica la medida anti-crisis más adecuada para favorecer a la industria española en estos momentos? En el Alto Horno de Veriña cerrado está la respuesta.
Pero hay muchos más ejemplos. Los expertos económicos señalan que la principal herramienta de política anticíclica para enfrentarse a una etapa de crisis es la inversión pública en infraestructuras de transporte o en equipamientos. En Estados Unidos, el nuevo presidente Obama, como programa estrella de su paquete de medidas anticrisis, en tres meses ha pasado de las palabras a los hechos y está impulsando un gigantesco plan de inversiones para modernizar las redes de transporte e incrementar la generación y el uso de energías renovables.



¿Que estamos haciendo en España? Si miramos a Asturias, las obras ferroviarias de la Variante de Pajares marchan retrasadas. Los cuatro lotes de los túneles y los de conexión con Pola de Lena y La Robla, respectivamente, estaban programados para entrar en servicio en 2010. Cinco años para la obra civil de plataforma y año y medio para la superestructura (vía, catenaria, señalización y seguridad). Hoy, de los cuatro lotes de los túneles, dos están prácticamente acabados, pero otros dos presentan retrasos de seis meses y de doce meses, sobre el plazo de sesenta meses que se cumplió el pasado mes de febrero.


Y las obras de los tramos de conexión se alargarán hasta 2010/2011 porque se licitaron con retraso. Añádase que hoy está sin licitar toda la citada superestructura entre La Robla y Pola de Lena. Y añádase, también, que no hay ningún proyecto previsto para la transformación a alta velocidad de los tramos León–La Robla y Pola de Lena- Oviedo/Gijón/Avilés, lo que supone dos cosas: que la conexión de Asturias a la red de Alta Velocidad queda retrasada para mucho más allá de 2010, contrariamente a la planificación que otros dejamos en marcha; y que, de momento, la conexión con la meseta se interrumpe en León y no pasa de Pola de Lena.



Y, por si fuera poco, Asturias es la única Comunidad Autónoma de la Cornisa Cantábrica que se opone al AVE del Cantábrico, la gran salida ferroviaria hacia Europa y hacia el valle del Ebro, nuestros dos grandes mercados de referencia. Al parecer nos consolamos, como escribió un amigo mío, con el apeadero del FEVE para ir a tomar el AVE a Torrelavega. En la Autovía del Cantábrico sucede lo mismo. Como recordé con datos hace cinco años aquí en Avilés, con motivo de la entrega de la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio, en 2004 estaban todos los proyectos técnicos y las previsiones presupuestarias listas para que, entre 2004 y 2005, se licitaran las obras de los cinco tramos pendientes entre Muros de Nalón y Barres. Todos ellos tenían 27 meses de plazo y podían estar terminados a finales de 2007.


¿Qué ocurrió? Sencillamente que, mientras entre 2000 y 2004 se licitaron 70 kms. de la Autorías del Cantábrico Occidental –incluyendo los tramos de los grandes viaductos– por un importe de 525 millones de euros (es decir 17,5 kms/año ó 131 millones de euros/año), se ha tardado 4 años desde 2004 a 2008 en licitar los 38 kms. restantes, por 295 millones de euros (o sea 9,5 kms/año ó 74 millones de euros/año) con plazos de hasta 41 meses. Han caído las inversiones a la mitad, y los plazos ya apuntan hacia 2011. Cuatro años más de lo previsto. ¡Casi nada!



¿Acaso estos retrasos y estas caídas de la inversión en autovías en Asturias son consecuencia de la crisis financiera internacional? Pues, no; como las subidas de las tarifas eléctricas, son actuaciones del Gobierno que agravan la crisis y dificultan su rápida salida. Subrayo, en cambio, como hecho positivo que la planificación y la programación de las obras que hicimos para el periodo 2000-2007 en el puerto de Avilés hayan sido respetadas y continuadas, con la salvedad de la puesta en marcha de la Lonja pesquera. Las obras de ensanche y profundización de la curva de Pachico, para buques con eslora de hasta 240 m. y calados de 10 m. en bajamar, la primera fase del espigón de encauzamiento de la ría, la prolongación del muelle de Raices, la rehabilitación de los de la dársena de San Juan de Nieva, la prolongación del muelle Sur pesquero y la nueva Lonja cuya construcción se adjudicó en 2004, dotan al Puerto de Avilés de unas posibilidades de crecimiento notables, que actuarán como locomotora de toda la comarca. Confío que no se aplace por más tiempo la segunda fase del espigón de encauzamiento, y la mejora de los canales de acceso programada para 2007, con objeto de continuar la mejora de su seguridad y su operatividad, compatibles con los calados asociados a los nuevos desarrollos portuarios previstos.


Me reafirmo en, que existen ideas útiles para promover una salida a la actual crisis económica, y herramientas útiles al alcance de los gobiernos y de la sociedad para llevarlas a la práctica. Todo ello requiere la necesaria humildad de talante para reconocer los problemas, y la capacidad política suficiente para desarrollar acertadamente las soluciones pertinentes.



Nuestro más eminente economista Álvaro Flórez Estrada, exiliado en Londres huyendo del absolutismo reinante, le escribía a Fernando VII hace doscientos años: “No son, Señor, ni reyes, ni emperadores, ni papas, ni sus sicofantas los que gobiernan el mundo. Son siempre las ideas de cada siglo; es la opinión general de cada época”. Consecuentes con esta sabia advertencia, hoy el Gobierno y los partidos deberían de articular, como prioridad política básica, un gran consenso nacional, semejante a los Pactos de la Moncloa de 1977, entre las principales fuerzas parlamentarias, para enfrentarnos a la crisis. Una vieja idea, el consenso bien entendido, que ya defendía Jovellanos cuando señalaba: “la necesidad de vencer estos estorbos, que acaso fue la primera a despertar en los hombres un interés común y a reunirlos en pueblos para promoverlo, forma todavía uno de los primeros objetos y señala una de las primeras obligaciones de toda sociedad política”.


Personalmente, además, yo desearía que se volviera al ambiente cordial y constructivo entre los partidos nacionalistas y los partidos estatales, en el que recobre fuerza la sintonía sobre el modelo de sociedad, se vuelvan más centradas las posiciones sobre el modelo de estado, y sean más frecuentes los acuerdos.



La gravedad del momento reclama del Gobierno, en todo caso, la adopción de medidas urgentes, más completas, de carácter anticíclico, a través de un Plan Acelerado de Inversiones en las infraestructuras y los equipamientos, que vaya mucho más allá de las migajas repartidas entre ayuntamientos, y que sirva para incrementar y agilizar las obras públicas en España. Sin olvidar las imprescindibles nuevas medidas de apoyo y de ayuda a los sectores empresariales no financieros, con especial atención a las pequeñas y medianas empresas. En resumen: Creo que es posible salir de la crisis . . . . . pero con otra política. Al final, esta política la van a decidir los ciudadanos. Pero sería muy deseable no perder más tiempo. En todo caso, no les canso más con mi discurso. Les libero, como Don Quijote a los galeotes, y remato con palabras de gratitud, que son las que Cervantes puso en boca del Ingenioso Hidalgo en aquella ocasión:


“De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud. Dígolo porque ya habéis visto, señores, con manifiesta experiencia, el que de mí habéis recebido; en pago del cual querría, y es mi voluntad, que, cargados de esa cadena que quité de vuestros cuellos, luego os pongáis en camino y vais a la ciudad del Toboso, y allí os presentéis ante la señora Dulcinea del Toboso, y le digáis que su caballero, el de la Triste Figura, se le envía a encomendar, y le contéis, punto por punto, todos los que ha tenido esta famosa aventura hasta ponernos en la deseada libertad; y, hecho esto, os podréis ir donde quisiéredes, a la buena ventura”.


Muchas gracias.